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  • Luis Enrique López León

El mejor amigo de Edison

Si no quieres leer, ve el video que está al final.

El más grande inventor de todos los tiempos ha sido Thomas A. Edison; porque inventó la bombilla incandescente, el fonógrafo, el quinetoscopio, en fin, grandes herramientas de suma utilidad para la humanidad y sin los cuales no se concibe gran parte de los inventos humanos de los últimos años. Pero tuvo un gran amigo… parte de su historia y de su liderazgo: Edwin C. Barnes.


Edwin C. Barnes nació en la década de los 1870’s en Estados Unidos; poco se sabe de él hasta antes de concebir la idea que le cambiaría la vida, pues cuando rondaba la tercera década de su existencia, tuvo el gran deseo de convertirse en socio de Tomas A. Edison.


Según se relata en Piense y Hágase Rico, el texto de Napoleon Hill*: «Barnes descubrió lo cierto que es que los hombres realmente piensan y se hacen ricos. Su descubrimiento no surgió de pronto, sino que fue apareciendo poco a poco, empezando por un ferviente deseo de llegar a ser socio del gran Edison».

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Barnes no tenía ni dinero, ni estudios profesionales; no tenía contactos suficientes para lograr su encomienda, pero tenía ese deseo de ser socio de Edison tenía una

particularidad: era definido. Barnes sabía exactamente lo que quería.


Al cabo de un tiempo, se decidió a tomar un tren para viajar a Nueva Jersey. Al llegar a la estación, se percató de que su deseo ardiente no era suficiente para cumplir su meta. No tenía dinero para cubrir el pasaje. Lo que le faltaba a su deseo, no era dinero: era estar dispuesto a perder la vida para lograrlo. Se subió en un vagón de carga y llegó sano y salvo a Nueva Jersey.


Con decisión. Al encontrarse en la oficina del inventor, dijo: he venido aquí a asociarme con Edison. El mismo Thomas Edison diría después: «Estaba de pie ante mí, con la apariencia de un vagabundo, pero había algo en su expresión que transmitía el efecto de que estaba decidido a conseguir lo que se había propuesto. Yo había aprendido, tras años de experiencia, que cuando un hombre desea algo tan imperiosamente que está dispuesto a apostar todo su futuro en una sola carta para conseguirlo, tiene asegurado el triunfo. Le di la oportunidad que me pedía, porque vi que él estaba decidido a no ceder hasta obtener el éxito. Los hechos posteriores demostraron que no hubo error».



Comenzó en lo más bajo de la organización del gran Edison. Y así estuvo durante un tiempo considerable. Cualquiera hubiera podido apostar que no lograría su objetivo, pues mas bien era un empleado general de la oficina. Hasta que su deseo ardiente, mezclado con fe y persistencia, encontró la oportunidad perfecta.


Hill dice en Piense y Hágase Rico: «Edison acababa de perfeccionar un nuevo invento, conocido en aquella época como la Máquina de Dictar de Edison. Sus vendedores no mostraron entusiasmo por ese aparato. No confiaban en que se pudiera vender sin grandes esfuerzos. Barnes vio su oportunidad, que se había colado discretamente, oculta en un máquina estrambótica que no interesaba más que a Barnes y al inventor».

Edwin C. Barnes supo el potencial del producto. Le ofreció a Edison su ayuda para comercializarla y poniendo su plan en marcha, logró persistir hasta lograr el rotundo éxito del dictáfono.


¡Barnes literalmente se pensóa a sí mismo en sociedad con el gran Edison! Se pensó dueño de una fortuna. No tenía nada con qué empezar, excepto la capacidad de saber lo que deseaba, y la determinación de mantenerse fiel a ese deseo hasta haberlo realizado. Y tú, ¿deseas algo tan ardientemente como para arriesgar tu vida para lograrlo? Mándame un WhatsApp en este enlace, ¡y cuéntamelo!

Luis Enrique López León

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